Muere Robe Iniesta, el último gran poeta y humanista que nos enseñó a amar y a ensanchar el alma

Foto: RTVE

Hoy el aire pesa un poco más. Se ha ido Robe Iniesta… y cuesta creerlo. Cuesta hasta decirlo en voz alta. A los 63 años, el alma de Extremoduro ha apagado su luz, pero ha dejado encendidas miles millones de pequeñas llamas dentro de quienes crecimos con su voz.

Robe no era solo un cantante. Ni siquiera “un poeta del rock”, que es lo que muchos decían. Era otra cosa… algo difícil de explicar. Un tipo que convertía la vida — incluso la más cruda — en una especie de verdad desnuda. Sin filtros. Sin maquillaje. Con esa mezcla suya de rabia y ternura que, oye, te dejaba temblando.

Sus canciones nos acompañaron en carreteras polvorientas, en amores torcidos, en noches en las que parecía que no había salida. Y ahí aparecía él, con esa frase que tantas veces nos sostuvo: «Ama, ama y ensancha el alma». Qué simple. Qué grande.

Hoy, sin embargo…, tenemos el alma encogida. Uno intenta seguir, escribir, respirar, pero hay silencios que pesan demasiado. Y este es uno de ellos. Porque Robe no hacía música para sonar bonito; la hacía para llegar, para abrirte en canal, para decirte “eh, que a mí también me pasa”.

Recordarlo es pensar en escenarios llenos, en guitarras sudadas, en un tipo que cerraba los ojos mientras cantaba porque estaba sintiendo cada palabra. Y uno sentía con él. Aunque estuvieras en la última fila, aunque te supieras la canción regular, daba igual. Robe te agarraba por dentro.

Pienso en cómo empezó: con una banda que parecía imposible, con canciones que salían más del estómago que de ningún manual, con un estilo que no pedía permiso. Y mira tú… se convirtió en leyenda casi sin buscarlo. Porque cuando haces algo desde la verdad, la gente lo nota. Y él siempre fue verdad.

Quizá por eso duele tanto despedirlo. Porque Robe era de los que te daban ganas de ser un poco más libre, un poco más auténtico, un poco más tú.

Ahora toca quedarnos con lo bueno: sus versos, su fuego, esa forma suya de decir que la vida es dura, sí, pero también preciosa cuando alguien la canta como él.

Vuela alto, Robe. Nosotros seguiremos aquí, ensanchando el alma cada vez que suene una de tus canciones. Siempre.