Los septiembres ya no son lo mismo… y eso también es bonito

Llega septiembre y, con él, una emoción que me envuelve desde siempre. Hoy día 9 de septiembre, cumplo 36 años, y no puedo evitar acordarme de esa niña que fui, especialmente en estas fechas. Esa niña que, al llegar septiembre, empezaba a sentir un cosquilleo en el estómago, mezcla de nervios, ilusión y una pizca de miedo. No era solo por el cumpleaños —aunque claro, siempre esperaba ese día con una emoción inmensa—, sino también por la vuelta al cole.

Recuerdo perfectamente cómo era preparar la mochila, forrar los libros, estrenar cuadernos y reencontrarme con mis amigas después de un verano que, en su momento, parecía eterno. Esa sensación de comenzar algo nuevo, de tener otra oportunidad para aprender, para crecer, para reírse en los recreos y contarse mil historias en el pasillo. Todo eso vuelve a mí cada septiembre, con una claridad que a veces me sorprende.

Hoy, los septiembres tienen otro ritmo. Son diferentes, pero no menos especiales. Ahora soy yo la que prepara mochilas y forra libros, pero no para mí, sino para mis hijos. Soy testigo de su propia ilusión, de sus propias ganas de vivir esta etapa, y eso me llena el corazón de una manera que no puedo explicar con palabras.

Veo en ellos ese brillo en los ojos que yo también tenía, esas ganas de estrenar colores y cuadernos, de volver a ver a sus amigos, de descubrir lo que este nuevo curso les traerá. Y mientras los acompaño en este inicio, me doy cuenta de que aquella niña que se emocionaba en septiembre no se ha ido del todo. Sigue aquí, dentro de mí. Se ha hecho mayor, ha crecido, ha aprendido mucho… pero todavía se estremece con las pequeñas cosas.

Cumplir 36 años es también mirar atrás con cariño, con nostalgia bonita. Es abrazar a esa niña que fui y agradecerle haber soñado tanto, haber vivido con tantas ganas. Hoy me celebro a mí misma, no solo por sumar un año más, sino por seguir mirando septiembre con la misma ilusión de siempre, aunque desde otro lugar.

Y en medio de los libros, los uniformes y los preparativos, sonrío. Porque sigo sintiendo que septiembre es un nuevo comienzo. Y eso, sinceramente, es un regalo.