Huelva ya está junto a la Virgen del Rocío tras una llegada cargada de emoción, abrazos y sevillanas

Las arenas de El Rocío llevaban horas esperando a Huelva. En el barrio de Las Gallinas apenas se hablaba de otra cosa. Las miradas se perdían en el horizonte del camino de Moguer mientras los peregrinos consultaban el reloj una y otra vez, pendientes del instante en el que aparecieran los primeros romeros anunciando que la filial onubense ya estaba cerca.

Y poco a poco comenzaron a llegar. Primero algunos peregrinos adelantados al Simpecado, cubiertos de polvo tras dos intensas jornadas de camino. Rostros cansados, botas teñidas de arena y miradas que lo decían todo. Porque ese polvo no era suciedad, sino la huella visible de la fe, del sacrificio y de una promesa cumplida un año más ante la Virgen del Rocío.

En las puertas de las casas aguardaban familias enteras. Niños buscando entre la multitud a sus padres, abrazos que parecían eternos y sonrisas de alivio al comprobar que todo había salido bien. Había emoción en cada reencuentro y también en quienes, agotados, decidían sentarse directamente sobre la arena para esperar la llegada del Simpecado. El cansancio apretaba, pero nadie quería perderse uno de los momentos más esperados de toda la romería.

Entre la oscuridad apareció la silueta del Simpecado avanzando lentamente hacia el corazón del Rocío. Eran las 22:24 horas cuando la Hermandad de Huelva cruzaba de nuevo las puertas de la aldea entre aplausos, vivas y lágrimas.

Los móviles se elevaron para guardar el momento, aunque muchos prefirieron simplemente contemplarlo. Porque hay escenas que ninguna pantalla consigue explicar. Sombreros al aire, palmas acompasadas y sevillanas improvisadas acompañaron una entrada que volvió a emocionar como si fuera la primera vez.

La Hermandad de Emigrantes fue una de las primeras en recibir a Huelva con cantes llenos de sentimiento. Cada parada se convertía en una celebración espontánea. Todos querían dedicarle una sevillana al Simpecado, acercarse a la carreta o simplemente acompañarla unos metros más por las calles de la aldea.

Entre la multitud avanzaba también el hermano mayor, Juan José Gómez Rodríguez, visiblemente emocionado. La misión estaba cumplida: Huelva había llegado hasta la Virgen. Las lágrimas, imposibles de contener, resumían meses de preparación y dos días de camino atravesando arenas y emociones.

Uno de los momentos más especiales volvió a vivirse frente a la casa donde esperaban Los Mellis de San Juan. Como cada año, sus voces pusieron banda sonora a la llegada onubense con letras cargadas de sentimiento y dedicadas expresamente a la hermandad. Alrededor, los peregrinos acompañaban con palmas mientras la emoción se hacía todavía más grande.

La filial continuó su recorrido lentamente, casi saboreando cada metro antes de llegar a su casa hermandad. Desde balcones y porches, toda la aldea parecía rendirse al paso de Huelva. Porque cuando la hermandad onubense entra en El Rocío, algo cambia en el ambiente. El cansancio desaparece y solo queda la sensación de haber llegado al lugar donde todo cobra sentido.

Huelva estaba otra vez a los pies de la Blanca Paloma. Y en Las Gallinas, donde cada año se escribe una de las escenas más emotivas de la romería, volvió a escucharse esa frase que tantos rocieros repiten como una verdad absoluta: ahora sí ha empezado El Rocío.