El día que Paolo Romero empezó a creer tras romper la primera barrera

Foto: Alejandro Almendros

Paolo Romero es un jugador diferente en el Recreativo de Huelva. Un extremo especial. Un futbolista especialmente hábil para sortear rivales y ser vertical por la banda. Es uno de esos que crean afición al fútbol bonito, a la vertiente más lúdica del deporte rey. Y si nos ponemos en la piel de un aficionado recreativista es un chico profundamente querido por su condición de canterano y onubense.

Natural de Chucena, no están siendo tiempos fáciles para Paolo Romero en el Recreativo. Porque su calidad está fuera de toda duda, pero su capacidad para que sea útil al equipo sí. El extremo goza de unas habilidades realmente nutritivas para el juego del cuadro onubense, y lo que falla es que, a la hora de tomar la decisión final, suele equivocarse. El famoso último pase, tan fundamental en este deporte y que es capaz de establecer la categoría en la que juega cada futbolista. Un extremo que tenga tres internadas en el área por partido y tenga la calidad e inteligencia suficiente para convertir o asistir en, al menos, una de ellas, está llamado a jugar en Primera o Segunda División. Otro que necesite de siete llegadas para amenazar tímidamente la portería rival está destinado a divisiones mucho más inferiores.

Y ese es el problema de Paolo Romero. El problema o la gran oportunidad. Porque el margen de mejora del de Chucena (tan solo tiene 20 años) en esta faceta es enorme y, si logra ser un futbolista mucho más decisivo y diferencial en los últimos metros será una pieza crucial para que el cuadro que dirige Arzu termine la temporada logrando el objetivo del ascenso a Primera Federación. De momento, el canterano derribó en Málaga la barrera mental. Aquella que le recordaba diariamente que aún no era capaz de estrenarse con el primer equipo albiazul. Esa cadena queda atrás después del golazo por la escuadra que sirvió para sellar la victoria ante el colista de la categoría. Ahora solo puede ir hacia adelante.